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Fin de la fiesta

¡Huele a fin de fiesta! En el momento de escribir estas líneas, según los analistas técnicos, el S&P 500 ha iniciado una tendencia bajista, como consecuencia de haber corregido más de un 20% desde el máximo histórico que se produjo a principios de año, en torno a los 4.800 puntos. Las principales materias primas de energía, como el petróleo y el gas natural, cotizan en máximos de varios años.

Todos los sistemas monetarios fiat tienen este fin. La impresión masiva de dinero genera inevitablemente inflación, destruyendo el ahorro y redistribuyendo la riqueza producida a favor de una minoría privilegiada: la que está próxima de la imprenta de dinero.

Durante los últimos 12 años, los bancos centrales han decidido adquirir activos financieros en los mercados a cambio de emitir dinero a gran escala. Para disfrazar lo que no es más que una impresora de billetes trabajando sin cesar, sus programas de estímulo monetario han sido bautizados con nombres pomposos e indescifrables: “Flexibilización Monetaria Cuantitativa” (Quantitative Easing).

¿Cuál es el resultado? La inflación de diversos activos: acciones, bonos, criptodivisas, coches de lujo, arte y, sobre todo, casas. No hay nadie que no comente: «mi casa vale un x% más desde que la compré», sin entender que es el dinero que llevas en el bolsillo el que vale cada vez menos.

En la Figura 1, podemos ver que el índice S&P 500 prácticamente siguió la evolución del balance de la Reserva Federal -el Banco Central de Estados Unidos- desde principios de 2009. En 2020, cuando obligaron a la población a encerrarse en sus casas, decidieron imprimir 4 billones de dólares; de nuevo, el índice subió espectacularmente, hasta que apareció el discurso: «la inflación que estamos viendo es un fenómeno temporal»; luego, «el pico de este fenómeno está cerca»; hace semanas, «la inflación es un problema serio»; entretanto, «hemos llegado al final de la era de baja inflación».

Figura 1

Ante el aumento de la inflación, la Reserva Federal anunció una gran subida de los tipos de interés: un 0,75%, ¡algo sin precedentes! La tasa de financiación del sistema bancario se sitúa actualmente entre el 2,25% y el 2,50%, mientras que la inflación oficial se sitúa en torno al 10%. ¿Alguien, en su sano juicio, espera que esas subidas combatan la inflación? Evidentemente no, porque deberían estar por encima del 10%, generando el colapso total de la economía occidental, sumida por completo en deudas.

Al mismo tiempo, se nos prometió que la impresión masiva de dinero se reduciría. Con estos dos movimientos, el mercado de la deuda se hundió al desaparecer el único comprador, el Banco Central.

En el mercado secundario, en pocas sesiones, el tipo de interés implícito de los bonos norteamericanos a 10 años ha subido 50 puntos básicos, pasando del 3% al 3,5%; en Europa, los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) han visto subir los tipos de interés de forma incontrolada, con Grecia e Italia, los dos países más endeudados de Europa, registrando tipos de interés superiores al 4%, lo que hace revivir el fantasma de la crisis de la deuda soberana vivida hace una década.

En este contexto, la Sra. Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), convocó una reunión de urgencia, para anunciar pocos días después un nuevo instrumento: «Antifragmentación». Como de costumbre, podría habernos dicho que iba a imprimir dinero y a comprar los bonos de los estados con problemas, para seguir garantizando más inflación.

En estas cosas, como siempre, la Reserva Federal es más sofisticada que otros Bancos Centrales. Utiliza el mercado de repos a un día para seguir imprimiendo dinero y comprando bonos del gobierno federal estadounidense, garantizando más inflación.

¿Cómo funciona? La Reserva Federal emite dinero y compra bonos a un banco comercial, con el compromiso de venderlos al día siguiente a un precio mayor, cobrando intereses por esta financiación. Ocurre que al día siguiente, después de venderlos, vuelve a comprar no sólo los mismos bonos sino más bonos, sin cesar, lo que le permite no registrar estas compras -dado que tienen un acuerdo de reventa- en su balance. Un verdadero juego de manos, como vemos en la figura 3. La cosa está ya en 2,3 billones de dólares (¡12 ceros!).

Figura 2

Sólo entonces se produjo un verdadero Milagro de Fátima en las últimas semanas: el tipo de interés implícito de los bonos norteamericanos a 10 años volvió a situarse por debajo del 3%; en el caso de Portugal, cayó del 3,1% al 2,4% en pocas sesiones. Ya podemos imaginar quiénes eran los compradores.

Hay una certeza: los Bancos Centrales seguirán imprimiendo sin cesar, garantizando más inflación, hasta que el actual sistema monetario sea completamente destruido.

¿A qué esperamos para dar un funeral al actual sistema monetario?